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Las preguntas en Bangkok

Una nueva reunión intersesional de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) está aconteciendo en Bangkok, Tailandia. Durante los próximos 7 días se retomarán las sesiones de negociación organizadas en los tres grupos de trabajo ad hoc que actualmente funcionan bajo la Convención: Cooperación a Largo Plazo (AWG-LCA), Protocolo de Kyoto (AWG-KP) y Plataforma de Durban (AWG-DP)[2].

¿Cuáles son las preguntas que rondan en los pasillos de Bangkok?

Los Acuerdos de Durban/ en la Conferencia de las Partes 17 (COP 17) y el lanzamiento de la Plataforma de Durban (ADP) como un nuevo cauce de
negociaciones para el establecimiento en 2015 de un «nuevo instrumento» –cuya naturaleza jurídica o contenidos específicos no han sido establecidos aún[3]- que entraría en vigor para todos los países en 2020, sin duda convierten a la Plataforma de Durban en el elemento «novedoso» del que todos hablan en estas negociaciones.

Consideradas las debilidades en los resultados de este proceso multilateral en que participan 195 países, y entendiendo que la CMNUCC aún no logra cumplir con el objetivo último de su mandato –recordémoslo, consistente en garantizar la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel en que las actividades humanas no perturben peligrosamente el sistema climático-, muchos valoran la Plataforma de Durban como una ventana de oportunidad para lograr compromisos justos, ambiciosos y legalmente vinculantes que permitan construir una respuesta global efectiva a la problemática del cambio climático en todos sus niveles.

Considerando que ésta es la última intersesional antes de la COP 18 a realizarse en Doha, Qatar, muchos se preguntan cómo transcurrirán las negociaciones sobre la Plataforma de Durban, particularmente porque con ella ha quedado semi-abierta la puerta para que todos los países asuman
compromisos de reducción de emisiones bajo ese «nuevo instrumento» a ser negociado en estos años, lo que supondría una superación de la división
histórica existente entre países desarrollados y países en desarrollo sobre la que se cimentaron, por ejemplo, los compromisos asumidos por 37
países industrializados bajo el Protocolo de Kyoto[4].

Esta dinámica pone nuevas preguntas sobre la mesa de negociación. ¿Finalmente Estados Unidos aportará positivamente en la construcción de
un régimen legal internacional que incluya compromisos de reducción de emisiones para su propio país, pese a que nunca lo hizo con el Protocolo
de Kyoto? ¿Quieren y pueden China e India comprometerse a un acuerdo legalmente vinculante para ellos que los obligaría a controlar sus
emisiones? ¿Será que Canadá, Rusia y Japón negarán el Protocolo de Kyoto pero suscribirán luego compromisos ambiciosos bajo este nuevo acuerdo?
¿Generará esto divisiones al interior del G77 y los demás bloques negociadores en que participan países en desarrollo? ¿Algún país latinoamericano estará dispuesto a asumir compromisos internacionales de esta naturaleza? ¿Tendrá éxito la Plataforma de Durban en donde fracasó el Protocolo de Kyoto?

Temas de fondo tendrán que ser necesariamente discutidos en la Plataforma de Durban para encontrar respuestas, por ejemplo, ¿cómo se traducirá en términos prácticos el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas de acuerdo a las capacidades respectivas (CBDRRC) en las negociaciones de la Plataforma? ¿Cómo entenderán las Partes la equidad y el esfuerzo compartido? ¿Cuál será el año pico para las emisiones? ¿La complejidad de los retos que enfrenta la plataforma nos lleva en la ruta de un nuevo fracaso que terminará de darle la victoria a la flexibilización total del régimen?

Adicionales a las dudas en torno a ésta nueva plataforma, ¿qué ocurrirá con las negociaciones bajo el grupo ad hoc de Cooperación a Largo Plazo
(LCA)[5]? De acuerdo a la COP 17, el LCA deberá concluir su trabajo este año, sin embargo, ¿qué sucederá con todos los asuntos pendientes bajo
este /track /de negociaciones al que se han dedicado tantos años? ¿Qué pasará con la «visión compartida» –no desarrollada aún- por los países?
¿Qué nos quedará de las negociaciones sobre financiamiento, tecnología, adaptación y desarrollo de capacidades? ¿Nos quedarán solamente las
instituciones creadas a la fecha (Fondo Verde Climático, Comité de Adaptación, Centros tecnológicos, etc.)? ¿Cómo lograrán las Partes trasladar estos temas al ADP? ¿Cómo se garantizará que principios sustantivos del Plan de Acción de Bali no se pierdan en el camino? ¿Estarán todos los países listos para cerrar las negociaciones sobre Cooperación a Largo Plazo?.

En cuanto al Protocolo de Kyoto, sabemos que éste año también debería cerrarse el AWG-KP de acuerdo a la COP 17, y que este track de negociaciones presuntamente concluiría con el establecimiento de enmiendas al Protocolo en que fundamentalmente la Unión Europea, Suiza y Noruega asumiría el liderazgo para un segundo período de compromisos que iniciaría en enero de 2013, pero que obviamente estaría lejos de contener el nivel de reducciones que el planeta requiere dada la escasa «popularidad» de este instrumento entre varios países desarrollados.

También sabemos que las Partes aún no han acordado cuál será la duración de este segundo período de compromisos y que se han propuesto dos fechas
tentativas para su clausura (2017 o 2020), ambas con implicaciones distintas.

Por supuesto, este tema también abre interrogantes: ¿está garantizada la continuidad de Kyoto en Doha? ¿Convertirán estos países sus promesas en
compromisos cuantificados de reducción o limitación de emisiones (qelros)? ¿Tendremos que esperar a que los parlamentos de estos países ratifiquen esta enmienda para que pueda entrar en vigencia? ¿Qué sucederá mientras tanto con las emisiones que deben ser reducidas necesariamente antes de 2020 para evitar que la temperatura aumente por encima de 2 grados C? ¿Se sumará Australia y Nueva Zelanda a este esfuerzo? ¿Será usado el Protocolo como moneda de cambio para lograr compromisos de otros países desarrollados (o en desarrollo) en la Plataforma de Durban?

Estas son algunas de las preguntas que rondan estos pasillos, que se suman a viejas preocupaciones e incertidumbres –como la expectativa del financiamiento climático prometido por países desarrollados que tantas comunidades empobrecidas necesitan con urgencia para sus procesos de
adaptación frente a la crisis climática-. Pero de todo esto, quizás hay una pregunta que parece perdurar en el tiempo sin encontrar aún una respuesta atinada: ¿sigue siendo pertinente mantener la fe en este proceso?

Suelen encontrarse personas en los pasillos que opina que, quizás, para evitar que los viejos saboteadores del multilateralismo terminen ganando
ésta batalla, es necesario ratificar que en estos tiempos más que mantener la fe en el proceso, tenemos la responsabilidad de mantener la fe en la justeza de nuestras demandas de respuestas efectivas por parte de los gobiernos del mundo, para que el poder de la dilución y la incertidumbre no termine venciéndonos.

Porque el verdadero poder que se esconde tras el «nombre» de los países saboteadores de las soluciones que la ciencia y la conciencia ya nos
indican, debe ser hecho responsable de esta catástrofe climática y ambiental. Para ello, siempre debe haber gente en los pasillos, pero más aún en las ciudades, comunidades y gobiernos de nuestros países, que pongan su empeño en construir las condiciones para que las grandes empresas, transnacionales, industrias y gobiernos contaminantes que se lucran de este sistema productivo y de consumo, deban responder frente a los millones de víctimas que el cambio climático engendra. Quizás solo entonces, estaremos en condiciones para que la humanidad genere las respuestas que necesita.

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[1] Centro Alexander von Humboldt, Nicaragua. Contacto: milenio@humboldt.org.ni

[2] Los órganos subsidiarios de implementación y asesoramiento científico y tecnológico (SBI y SBSTA) no sesionarán en ésta ocasión.

[3] Hay 3 opciones legales establecidas en la decisión 1/CP.17 cuyo alcance y peso jurídico aún está por definirse. Ellas son: un nuevo protocolo, un nuevo instrumento legal o un nuevo acuerdo con fuerza legal. Detrás de cada una de estas «denominaciones jurídicas» se expresan intereses específicos de diferentes países, con implicaciones legales distintas que se corresponden a distintos niveles de ambición y voluntad política.

[4] Adoptado en Kyoto en 1997, entró en vigor en 2005.

[5] Adoptado en la COP 13 de 2007 como parte del Plan de Acciones de Bali.

septiembre 13, 2012

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