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Negociaciones sobre cambio climático: el show debe continuar

Mónica López Baltodano*

Las negociaciones en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) continúan a su -lastimosamente usual- ritmo pausado. Los negociadores del mundo transitan ese tortuoso camino hacia la reducción de emisiones de gases efecto invernadero (GEI) tomando mano de las más intrincadas cautelas y precauciones políticas. La CMNUCC es un terreno plagado de sutilezas, compromisos políticos esquivos, complejas
terminologías y declaratorias públicas que no se corresponden con los hechos. Todo esto ocurre bajo la mirada expectante de quienes demandamos
seriedad y compromiso con el planeta y el futuro de la humanidad, y la inocente indiferencia de la inmensa mayoría de la población.

Luego del ímpetu mediático ocasionado por los «Acuerdos de Cancún», resultantes de la Décimo Sexta Conferencia de las Partes (COP 16)
realizada en México a finales de 2010, este año el proceso negociador fue retomado con las sesiones preparatorias realizadas en Bangkok
(abril), y Bonn (junio). Ambas sesiones estuvieron marcadas por largas jornadas de negociación, a puertas cerradas para los observadores de
sociedad civil, acerca de las agendas de trabajo. Una batalla se desató entre los países –mayormente desarrollados- que desean establecer los
Acuerdos de Cancún como la ruta de trabajo, y los países –principalmente en desarrollo- que buscan reafirmar el compromiso
político asumido en la COP 13 (2007) con el Plan de Acción de Bali como guía para que las negociaciones cumplan con el objetivo de la Convención
(sus ejes son: visión compartida de largo plazo, mitigación, adaptación, desarrollo y transferencia de tecnología, y financiamiento).

Lo cierto es que todos los países del mundo, salvo la objeción explícita de Bolivia, dieron su aval político a los Acuerdos de Cancún; sin
embargo, pareciera que muchos países del sur quisieran ahora retractarse de lo acordado o quizás apenas comienzan a dimensionar la carga
adicional de compromisos que resultan de dicho acuerdo para los países en desarrollo, muy a pesar de las amplias responsabilidades históricas
que competen a los países desarrollados como principales causantes del calentamiento global.

A la fecha, nadie puede pronunciarse con certeza acerca de los resultados reales que producirá la COP 17 a realizarse a finales de 2011
en Durban, Sudáfrica; sin embargo, los retos están claramente planteados y no hay mar de sutilezas ni espectáculo mediático que pueda
esconderlos. Las concentraciones de GEIs se han elevado, a pesar de la recesión económica. El año 2010 ha sido declarado –por la
Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos – como el segundo año más caliente, después del 2005, desde que se inició el
registro de las temperaturas en 1880. El Niño y La Niña fueron los patrones de variabilidad climática de mayor impacto durante el 2010,
junto a eventos climáticos extremos como las inundaciones en Pakistán, que desplazaron a más de 20 millones de personas. Según el Índice del
Riesgo Climático Global 2011 de /Germanwatch/, más de 650,000 personas murieron durante el período 1990-2009 como resultado directo de más de
14,000 eventos climáticos extremos, cuyas pérdidas ascendieron a más de US$ 2.1 trillones de dólares. Infelizmente, Honduras y Nicaragua están
en el ranking de los países más afectados a nivel mundial.

Sabiendo lo anterior, el Protocolo de Kyoto, con todo y sus deficiencias, es aún el único instrumento internacional que establece compromisos de reducción de emisiones para los países desarrollados, y está próximo a expirar en 2012. Estados Unidos arrogantemente ha reiterado que no se comprometió ni se comprometerá bajo Kyoto, mientras que Japón, Rusia y Canadá han anunciado su completo desinterés por un segundo período de compromisos. Con ello existe una tensión creciente que va más allá del futuro del Protocolo de Kyoto y que implica el cuestionamiento de la capacidad real de Naciones Unidas para engendrar compromisos globales, ambiciosos y vinculantes que se impongan sobre la dinámica económica mundial responsable de esta grave crisis climática.

No es sorpresa por ello que CEPAL, en su informe sobre /La Economía del Cambio Climático/ presentado recientemente, haya señalado que «los resultados confirman que el cambio climático es el mayor fracaso del mercado jamás visto», ni tampoco sorprende que el lobby de las grandes
transnacionales asociadas a los combustibles fósiles sea más poderoso que el clamor de los pequeños estados islas que van rumbo a desaparecer
por el crecimiento del nivel del mar.

Durante el mes de septiembre 2011 se realizará la última sesión, previa a la COP 17, la que tendrá lugar, por primera vez en Centroamérica,
tomando como sede Panamá. Será, sin duda, oportunidad para que Latinoamérica pueda movilizarse y poner presión adicional en este
proceso de negociaciones sobre cambio climático en cuyas manos está, retomando las palabras del Secretario General de Naciones Unidas Ban-Ki
Moon, «el problema geopolítico y económico más importante del siglo XXI… un problema que reescribe la ecuación mundial del desarrollo, la
paz y la seguridad».

* Oficial de Incidencia para Cambio Climático – Centro Humboldt

julio 11, 2011

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